Hace más de 4 siglos, Felipe II decía que enviaba a sus barcos a luchar contra los hombres, no contra los elementos. Como aquellos no consiguieron atravesar el Canal de la Mancha, así hoy los barcos de nuestro equipo nacional a duras penas consiguieron cruzar la meta del canal de Poznan. Unas endemoniadas condiciones de frío, y viento convirtieron la pista del preolímpico de Poznan en una odisea para todos aquellos que, tras años de duro trabajo, buscaban hoy la recompensa de una plaza en los Juegos Olímpicos de Londres 2012.

No entraré en reacciones precipitadas acerca de si los rusos o polacos están más acostumbrados y así lograron clasificar barcos. No. En general, los vencedores en las finales eran los mejores tiempos de las series, salvo raras excepciones. Pero es cierto que, desde el punto de vista del deporte concebido sin forofismos, no es justo que los palistas (todos, tanto las estrellas ya consagradas como el modesto que sabe desde el principio que va a quedar el último) hayan de competir en un campo que no reúne las mínimas condiciones, salvo que está lleno de agua. Todos estamos seguros de que, si esto fuese fútbol, hoy no se habría jugado el partido. En Poznan se han visto piraguas de primera línea volcar en plena regata. Por no hablar de la final del K1 200. En el fondo da igual quién cruzase la meta en qué orden, lo raro es que todos consiguieran llegar. Las imágenes de las cámaras de meta en esa final son de lo más alucinante que se recuerda en una regata de pista televisada (arriba, al sueco Petter Öström le da una ola de lleno). En los planos laterales, 3 o 4 proas un palmo fuera del agua mientras las demás buceaban rezando para volver a salir a flote. Señores de la ICF, el respeto que queremos ganarnos como deporte minoritario comienza por el respeto a nosotros mismos.